Por Taly Barán Attias (CIS-IDES/UNTREF)
Anterior a nuestro nacimiento, hay interrogantes que guionan la espera de nuestra llegada al mundo. La pregunta por el sexo biológico propicia conversaciones, ritualiza acciones y habilita -y constriñe- escenarios. Y esa no es la única cuestión que despierta expectativas.En las últimas ecografías o cuando conocemos a un recién nacido, buscamos parecidos. Es que encontrar parecidos, crea y explicita parentesco, genera lazos entre generaciones, da coherencia a agrupaciones y nos introduce en el campo de la gran pregunta socio-antropológica sobre la relación entre naturaleza y cultura.
Esta nota explora el lugar que ocupan el parecido y la trasmisión genética en el ámbito de las Técnicas de Reproducción Humana Asistida (TRHA). A partir de entrevistar en profundidad a profesionales y a usuarias de las TRHA,[1] se reconstruye el modo en el que, mediante esfuerzos administrativos y científicos, se produce un tipo específico de parentesco: la filiación genética.
En los casos en los que no es posible, se describe cómo se procura la continuidad fenotípica a través del uso de tecnologías. Es decir, se analiza cómo “se recrean genes” mediante el uso de softwares que administran porcentajes de parecido físico entre las gametas donadas y las personas que las recibirán. Se señala también la centralidad del elemento racial en la producción del parecido en términos de filiación. En suma, se busca aportar a la reflexión sobre la construcción social, burocrática y científica de las concepciones de familia y descendencia.
Aires de familia: construcción técnico-administrativa del parentesco
En Argentina, la relación entre parentesco y genética no es la única forma de filiación reconocida por el marco jurídico. Desde 1948 la ley de adopción regula la inclusión de niños en familias no biológicas y en el año 2013 se sanciona la Ley Nº 26.862 que permite acceder de forma gratuita a las técnicas y procedimientos con asistencia médica para lograr el embarazo. Con ello se amplían los modos reconocidos de filiación por naturaleza, mediante técnicas de reproducción humana asistida, o por adopción y se aclara que surten los mismos efectos” (Código Civil y Comercial, art. 558).
Sin embargo si atendemos a las prácticas, mientras descienden la cantidad de adopciones, Argentina es el segundo país de la región en cantidad de centros médicos especializados en fertilización asistida, y el lugar donde más tratamientos se realizan (Red Latinoamericana de Reproducción Asistida, 2015). Señalaremos que el éxito de las TRHA se relaciona con el hecho de privilegiar el parentesco biogenético.
A una década de la sanción de la Ley Nº 26.862 y a varias de la masificación de la píldora anticonceptiva, la “continuación semántica entre la relación sexual y la procreación” (Ariza, 2010) sigue operando como un destino casi incuestionado. Al mismo tiempo, la idea de una naturaleza fértil y disponible ha convertido a la imposibilidad de tener hijos biológicos en “infertilidad” y ha privilegiado
dentro del campo de la medicina reproductiva, determinados modos de intervenir sobre los cuerpos. Esto ha movilizado leyes, recursos públicos y privados, investigaciones científicas y tecnologías para intentar priorizar el hijo biológico.
Cuando eso no es posible, aparece la noción de “duelo genético”. Se refiere a la imposibilidad de reproducirse con gametos propios y suele estar ser experimentado como una “naturaleza defectuosa” que se esperaba fértil y no fue. Por ello los usuarios suelen ser derivados a asesoramiento psicológico. La apelación al duelo, además de implicar una mirada esencialista en torno a la familia -ligado al hecho de compartir sustancia bio-genética con la descendencia- presupone una reacción univoca ante dicha imposibilidad.
Estas experiencias pueden implicar un largo proceso de extenuantes intervenciones médicas que muchas veces, llevan los cuerpos de las mujeres hasta sus límites:
“Basta Para Mi” lo armé como grupo para que te preguntes si es momento de decir basta. El grupo nació en el momento en que yo decidí decir basta. Es una pregunta que todas deberíamos hacernos cuando estamos pasando por esto. Yo decidí decir basta cuando deseé ser una madre sana para esa criatura, sin heridas, sin reclamos, tristezas. Cuando dije no hago más tratamiento por cuestiones físicas que se me fueron presentando. Muchas toman el basta como un fracaso, y no. Hay que ser valientes para decir no voy a buscar más ese hijo biológico y voy a volver a esa carrera que dejé, a esos cuadros que dejé de pintar, a esa mudanza que congelé por si algún día tenía que usar esa habitación. El decir basta a ese matrimonio forzado porque lo necesito para tener un hijo (Integrante de la Asociación Civil Abrazo x dar vida).
Tecnologías que permiten recrear parentescos racialmente convincentes
Lo que hacen [en el banco de esperma] es que te dicen que van a intentar cumplir con tu fenotipo. En una planilla tenés que poner tu color de ojos, tu color de pelo, tu tez, tu estatura… Igual el donante mide 1.95 así que mucho no lo tuvieron en cuenta…(risas). Vos misma llenás la parte física para que busquen… esta bueno cómo lo encaran… es en realidad para la criatura, para que no se sienta tan diferente (usuaria de gametos donados).
Por lo señalado sobre las concepciones de naturaleza asociada a lo fértil y el parentesco expresado por lo biogenético, es posible comprender que la reproducción con gametas ajenas es percibida como “antinatural” o manipulación de lo natural y, por lo tanto, es algo indeseable que debe ser regulado. En algunos casos es experimentado como un tabú que incluso debe permanecer en secreto. Las usuarias de TRHA expresan las ansiedades de que el bebé, producto de gametos donados, sea visiblemente diferente, incluso, este temor lleva a algunas parejas a desistir del tratamiento. En otros casos, en que se sigue adelante, el “parecido” es planteado como algo beneficioso, tanto para el vínculo entre los progenitores y el bebé, como para el autoestima de este último.
En ese sentido, en nuestro país, las clínicas y bancos de gametos ofrecen formularios de relevamiento fenotípico que incluyen el color de ojos, piel, pelo o etnia. A partir de estos formularios se busca emular la continuidad biológica entre personas sin una biología en común a fin de construir y hacer visible la filiación.
Más recientemente, algunos bancos, en distintos países del mundo, empezaron a utilizar softwares de biometría facial[2] que incorporan algoritmos de reconocimiento facial, inteligencia artificial y Machine Learning a la selección de donantes. A partir de lo que denominan “mapas de heredabilidad” (Meléndez et al., 2021) prometen aumentar las probabilidades de que los rasgos fenotípicos, faciales y la compatibilidad genética se comparta entre los progenitores y los descendientes (e incluso puedan ser heredables a la siguiente generación).
Sin embargo, tal como señala la cita con la que inicia este apartado, no todas las características son igualmente tenidas en cuenta a la hora de asignar un donante. Los creadores de estos softwares presentan las ventajas de usar esta tecnología argumentando que “algunos rasgos específicos pueden ser determinantes en la percepción de similitud, especialmente en términos de parentesco” (Meléndez et al., 2021a). Así, explican que el software “pondera de forma específica las diferentes partes de la cara, clasificando automáticamente rasgos faciales por su apariencia: tipos de nariz, ojos, boca y cejas”. En el caso de que ambos gametos sean donados, el algoritmo promete encontrar cómo los rasgos se comparten entre las diferentes relaciones familiares (Meléndez et al., 2021b).[3]
De aquí podemos extraer algunas conclusiones sobre la construcción de parentesco. Por un lado, se busca, a través de dispositivos técnicos, recrear genes de un modo específico. Por otro, no todos los rasgos valen igual a la hora de emparentarnos, algunos construyen parentesco más que otros. Esto es válido para los formularios completados por el personal del centro de fertilidad, así como para los auto-declarados y, también, para los softwares de reconocimiento facial en donde el algoritmo es previamente entrenado para segmentar y procesar esos rasgos que más importan en la correlación bio-genética.
Una lectura posible es que la construcción de parecido tiene un componente emocional y subjetivo. Tener “la nariz de mamá” puede resultar más importante que una similitud general calculada por mediciones interfaciales. Sin embargo, si atendemos los elementos que se consideran relevantes para emular parentesco, veremos que en todos los casos la heredabilidad construida se demuestra en términos de marcadores raciales (color de pelo, piel y ojos, tipo de nariz y cejas). Así, la coherencia racial es central para reproducir una familia, porque está estrechamente relacionada con la propiedad, tanto en términos de transmisión de sustancia corporal como de valores, bienes y privilegios mundanos (Haraway, 2021: 395).
Seline Quiroga analiza cómo estas tecnologías reproductivas tienen como principal objetivo crear un tipo de filiación que reproduzca el modelo heteropatriarcal de familia nuclear blanca (2007). En parejas heterosexuales, el parecido visible con el padre funciona socialmente como réplica del “yo”, prueba de la filiación, “garantía” de la fidelidad de la pareja y sustento de la relación de cuidado y responsabilidades económicas con el nacido. Por otro lado, existe una extendida confusión entre virilidad y fertilidad que lleva a que el uso de esperma donado pueda ser experimentado como una “hombría defectuosa” en relación con los atributos socialmente esperables para un varón.
Por su parte, otro conjunto de indicios dan cuenta de la preocupación por cuidar material y culturalmente la blancura en la filiación. Eso aparece expresado tanto en los modelos predominantemente “blancos” en las imágenes de la folletería y en las webs de los bancos de gametos, en los elevados costos de la criopreservación de gametos y, como emerge de las entrevistas, en los perfiles reiterados como “donantes preferidos” que reciben trato preferencial. Además, la exclusión flagrante de algunos colores de piel (que no sean blancos o trigueños) en el formulario fenotípico, revela “el temor al bebé negro”, ya señalado por Ariza (2010), pero también da cuenta del inetrés de evitar una “progenie condenada” (Haraway, 2021:420) producto de la mezcla de razas dentro de una familia.
Al respecto, distintas usuarias expresaron la dificultad de llenar los datos fenotípicos y definirse entre ojos miel o marrón claro, el cabello rubio oscuro o castaño claro.[4] Esto da cuenta del carácter fuertemente subjetivo de estos criterios de clasificación y evidencia algo ya sobradamente demostrado por la ciencia: el carácter arbitrario de los parámetros tenidos en cuenta para construir grupos raciales, pero que, sin embargo, valiosos para recrear lo heredable en términos de parentesco.
Esto nos permite pensar que la popularidad de las TRHA y de los softwares de biometría facial se basa en el consenso de la importancia del legado bio-genético. Aun en los casos en que la descendencia no recibirá el patrimonio genético de sus padres, a partir de diversos dispositivos técnicos, es posible y resulta relevante emular ese legado. Hemos señalado que el parecido, expresado en términos de coherencia racial, ocupa un lugar central para designar calidades relacionales y pertenencias familiares.
Este “valor de coherencia racial”, de un modo u otro, ha sido detectado por las clínicas reproductivas como “un servicio” que pueden ofrecer por fuera de la cobertura contemplada por la ley: servicios de hermanos genéticos[5], donantes exclusivos, softwares de simulación de rostros, entre otros. Gracias a la asociación entre tecnología, gametos, software y psicología, se ofrecen estos servicios que dan cuenta de la necesidad de expresar continuidad racial también cuando se acude a gametos donados, lo que nos permite entender el parentesco y la raza como formas de relación social fetichizadas en el cuerpo.
Recordemos que la noción de la voluntad procreacional (artículo 562 del CCyC) constituye una novedad jurídica en la regulación del parentesco en la que se reconoce que la decisión y el deseo sustentan parentescos. Entonces, si para el marco normativo argentino compartir genes ya no define de forma inequívoca una relación familiar, quiere decir que son necesarias convenciones y dispositivos técnicos para limitar la ambigüedad del parentesco. Así mismo, si la heredabilidad de caracteres genéticos puede ser calculada por softwares (que recuperan sentidos comunes de la cultura, como la raza) para dar respuestas convincentes a la expectativa de parentesco, entonces la naturaleza adquiere cualidades culturales y se evidencia como “artificial” y “construida”. Como señala Marilyn Strathern, si la naturaleza necesita ser protegida y promovida, es porque ha perdido su cualidad axiomática como fundamento o cimiento del significado (1992).
Recapitulando, podemos pensar que la masificación de las TRHA trae, por un lado, la posibilidad técnico-jurídica de impensados derechos reproductivos y nuevos vínculos y parentescos (sustentados en la voluntad y el deseo). Por otro lado, también las presentamos como tecnologías que contribuyen a exaltar el biologicismo en el parentesco (ya sea en la consideración del hijo biológico como derecho garantizado por el Estado como por las intervenciones médicas que priorizan con insistencia las técnicas que tienen como resultado el parentesco biogénetico).
Esta aparente contradicción en torno a las TRHA consiste en la riqueza del caso y nos lleva a la pregunta central de esta nota ¿qué evidencia el uso de las TRHA sobre la conformación del parentesco occidental? Como explica Haraway, tanto el discurso científico como las producciones culturales silenciosamente asocian el concepto de familia al de raza. Estos modelos de familia racializada guían implícitamente las acciones de los profesionales biomédicos y de los usuarios. Y en un mundo en donde parecen implosionar todo el tiempo las nociones de natural y artificial, la naturaleza es reconstruida (tanto material como ideológicamente) en los laboratorios y quirófanos.
Bibliografía
Ariza, L. (2010). La procreación como evento natural o tecnológico: repertorios decisorios acerca del recurso a la reproducción asistida en mujeres en parejas infértiles de Buenos Aires en Ea journal. Vol. 2, N° 1.
Haraway, D. Ciencia, cyborgs y mujeres. La reinvención de la naturaleza. Ediciones Cátedra. 1995
Haraway, D. Testigo_Modesto@Segundo_Milenio.HombreHembra©_Conoce_Oncorata®. Rara Avis Casa Editorial, Buenos Aires, 2021.
Johnson, M. C. Más allá de la infertilidad: narrativas de usuarias sobre reproducción asistida en Córdoba, Argentina Beyond infertility: user’s narratives on assisted reproduction in Córdoba, Argentina. 2020. Disponible en: https://revistas.unc.edu.ar/index.php/astrolabio/article/view/28126/34223
Meléndez, F., González, S., & Arenaz Villalba, L. (2021a). La cara de la reproducción asistida. Usando análisis facial en selección de donantes. Revista Iberoamericana De Fertilidad Y Reproducción Humana, 38(1 Enero-Febrero-Marzo). Disponible en: https://revistafertilidad.com/index.php/rif/article/view/9
Meléndez, F., & González, S. (2021b). Ninguno de estos embriones existe en la vida real. Generando imágenes de embriones con Inteligencia Artificial. Revista Iberoamericana De Fertilidad Y Reproducción Humana, 38(3 Julio-Agosto-Septiembre). Disponible en: https://www.revistafertilidad.com/index.php/rif/article/view/38
Szkupinski Quiroga, S. (2007). Blood Is Thicker than Water: Policing Donor Insemination and the Reproduction of Whiteness. Hypatia, 22(2), pp. 143-161.
Fuentes.
Fotografía de portada. CRYOS banco internacional de donantes. Disponible en https://www.cryosinternational.com/
Informes
Adopciones inscriptas en el Registro Civil por tipo de adopción y sexo del adoptado. Ciudad de Buenos Aires. Años 1981/2020. Disponible en https://www.estadisticaciudad.gob.ar/eyc/?p=27397
Fernando Zegers-Hochschild, Juan-Enrique Schwarze, Javier A. Crosby, Maria do Carmo Borges de Souza. Informe REDLARA “Twenty years of Assisted Reproductive Technology (ART) in Latin America”. Disponible en https://redlara.com/images/arquivo/RLA_20anos.pdf (2011)
[1] Fueron entrevistadas en profundidad, siete mujeres cis de la ciudad de Buenos Aires usuarias de TRHA con diferentes perfiles, atendiendo a las relaciones entre filiación, género y raza
[2] Un ejemplo es el software Fenomatch. En su web, se presenta como una “innovadora plataforma dirigida a clínicas de fertilidad y bancos de gametos. Con ella médicos y embriólogos van a poder seleccionar de una manera objetiva y científica el donante ideal para sus pacientes”.
[3] En el mismo paper, los autores presentan desarrollos algorítmicos recientes como el StyleGAN que es un generador de caras sintético, que permite generar imágenes predictivas del rostro de la persona producto de esa unión de gametos. Sin embargo, los autores reclaman que la recolección de datos necesaria para entrenar a los algoritmos se ve limitada por la “estricta protección de los datos médicos”. Para intentar subsanarlo, la empresa desarrolló imágenes artificiales de caras de bebés para entrenar al algoritmo (Meléndez et al., 2021b). Numerosos autores han advertido sobre los reparos de estos sistemas que funcionan a partir de la sofisticación del reconocimiento facial sobre amplias bases de datos (Schindel, 2018; Quiroga, 2007).
[4] Para ver un ejemplo de las categorías de la ficha de fenotipo https://cryobank.com.ar/wp-content/uploads/2017/10/Caracteristicas-Personales_-fenotipo.pdf
[5] Cryobank ofrece la opción de “hermanos genéticos” a través de un Sistema de Reserva de Código de Donantes que permite reservar muestras por anticipado para tener varios bebés del mismo donante. Por diferentes tarifas el donante puede ser compartido o exclusivo. https://cryobank.com.ar/como-comenzar/

Deja un comentario